Cada vez más jugadores que militan en clubes de Europa se sienten seducidos por una oferta desorbitante para jugar en Arabia Saudí
Es una imagen que cada vez se ve menos en los parques y en las plazas, pero uno todavía se puede encontrar con unos niños jugando al fútbol en la calle siguiendo esas mismas normas que se llevan cumpliendo desde antaño. Aún se colocan chaquetas a modo de palos para la portería y aún se usa ese balón de reglamento despeluchado. Y esas porterías sin travesaño daban lugar a más de una polémica. Ese grito de “¡alta!” cuando consideras que un tiro se ha ido por encima del alcance de tu portero y que, por tanto, el gol no debería subir al marcador. Si había cualquier tipo de duda sobre si se había ido por encima del larguero imaginario o no, la solución antes de discutir siempre era la misma: “¿gol o penalti?”.
Ves a esos niños en su maravillosa fantasía de jugar a ser las estrellas de sus equipos favoritos, soñando con que algún día podrán jugar en el Madrid, en el Barça o en el Atleti. Esos niños hemos sido todos, tanto tú, como yo, como los jugadores profesionales que están triunfando en clubes europeos. Por eso a un servidor le gustaría saber en qué momento desaparece ese niño interior que quiere cumplir su sueño de jugar y triunfar en los clubes más importantes de la historia. Quiero saber cuándo un futbolista decide poner fin tempranamente a su etapa en Europa para irse a Arabia Saudí, cambiando el fútbol por el dinero. Tirando a la basura sus grandes objetivos deportivos para irse a un lugar sin ninguna mística ni tradición futbolística.

Y es que el éxodo de jugadores a Arabia Saudí empieza a suponer un problema cuando los que se marchan no son futbolistas al borde del retiro. Esos que están dispuestos a llenarse los bolsillos mientras dan sus últimos coletazos futbolísticos en una liga menor. Lo de Cristiano se entendió porque el luso ya tenía 37 años cuando fichó por el Al Nassr y porque en Europa ya había ganado todo lo habido y por haber. Lo que es sorprendente es la cantidad de jugadores que han ido detrás de él sin tener siquiera 33 años. El último ha sido Neymar a sus 31, en un fiel reflejo de las malas decisiones en su carrera. Lo que podía haber sido… y lo que ha acabado siendo. Es un problema serio que haya clubes árabes que sean capaces de arrebatar fichajes a gigantes europeos. Rubén Neves lo tenía todo para irse al Barça y optó por el Al-Hilal a sus 26 años.
La lista de jugadores crece mientras Europa pierde a grandes nombres que se marchan a una liga menor que está en proceso de hacerse grande a golpe de talonario. Un país donde van a tener el dinero por castigo y donde no se juega al fútbol precisamente por pasión o alegría. Milinkovic-Savic, Benzema, Fabinho, Mahrez, Fofana, Saint-Maximin, Mané, Kessié, Brozovic, Kanté, Koulibaly, Firmino, Bono… solo son algunos nombres que aún tenían bastante que decir en Europa, pero que han optado por contribuir a la ruptura del fútbol fichando por clubes absolutamente desconocidos hace un año.

Eso de que “el fútbol es un negocio” cobra más sentido que nunca en este mercado de fichajes. Hay demasiados jugadores empeñados en darle la razón a esa frase. Futbolistas cuyo único objetivo parece ser vivir en un castillo de oro vacío de objetivos deportivos. En un país en el que los jugadores los ficha, a veces, el propio Estado. En un lugar donde los clubes no conocen el sentido del respeto, hablando, convenciendo y engañando a un jugador con contrato antes siquiera de hablar con su club. Por supuesto, sin sanción que valga. Sabemos que el fútbol lleva siendo maltratado desde hace años, pero en el momento en el que la pasión y el sentimiento se vayan definitivamente, esto será irrecuperable.

Deja un comentario