Recientemente se ha visto una versión del Getafe bastante diferente a lo que nos tenían acostumbrados tanto Bordalás como sus jugadores
Por todos es sabido el buen hacer de José Bordalás en el banquillo del equipo azulón. De hecho, los ha llevado de ser un equipo recién ascendido, a todo un aspirante a competiciones europeas. Con una seña de identidad muy marcada e interiorizada. Juego muy físico y al borde del reglamento. Pasando este cuando fuese necesario.
No obstante, un entrenador y proyecto siempre tienen fecha de caducidad. Y parece que la del Getafe de Bordalás está cerca. Ojalá equivocarme. Pero los hechos hablan por si solo. En una ideología de juego como esta es vital que tus jugadores vayan a muerte contigo. No obstante, si empieza a haber discrepancias, puede llegar a problemas y fracturas internas.
Problemas internos

Este pasado verano Bordalás se enfrentó a un gran problema. Según ciertos periódicos o medios de comunicación, el alicantino dejaría de ser primer entrenador del Getafe. Y se hablaba de la posibilidad de recalar en el Valencia. Parece ser que esto estuvo muy cerca de llevarse a cabo. Pues fue Jorge Molina, uno de los capitanes y pesos pesados del club, quien tuvo que interceder. Exigiendo a Bordalás que fuese de frente y claro con sus jugadores y equipo. Finalmente el entrenador se quedó en tierras madrileñas. No obstante, Jorge Molina hizo las maletas con dirección Granada. El desarrollo de la historia se desconoce, pero la mayoría nos lo podemos imaginar.
Plantilla corta
Pero el problema ya no está ahí. Sino que reside cuando ya, ni la directiva acaba de creer en ti. Pues, a pesar de pedir incorporaciones, no se acabaron de realizar todas. Y Bordalás tuvo que conformarse con un número reducido de jugadores y una plantilla alejada de su idea. De hecho, en más de una ocasión, ha sido el propio entrenador quien ha achacado la falta de resultados a la corta plantilla.
‘Vacas sagradas’

Aunque sea una expresión un tanto despectiva, hay que recalcar esto. Pues sobre todo en estas dos últimas temporadas, Bordalás ha pecado de tener un jugadores de jugadores intocables que, aunque no estuviesen a buen nivel, seguían jugando. Véase el ejemplo de Nyom, destacando la pasada campaña. Jason Remeseiro se encontraba en el banquillo, con mucha calidad y ganas de comerse el mundo. Pero, Nyom, sin dar el máximo de su nivel seguía siendo titular por delante del gallego.
Equipo quemado
Pero, el principal problema es el agotamiento físico y mental que esto puede acarrear. Un sistema de juego tan exigente como el de Bordalás, puede terminar por quemar a los jugadores, en exceso. Unos altos niveles de desgaste que, para una carrera de futbolista profesional, puede ser perjudicial.
En la actual temporada se ve a un equipo muy mermado. Tanto física como mentalmente. Sin ideas de juego y con unas sensaciones bastante negativas para sus aficionados. Por tanto, se podría decir que el ciclo de Bordalás en el Getafe, se ha terminado. No tanto presencialmente, sino de forma virtual. Pues, a no ser que haya un desastre, terminará la temporada sentado en el banquillo del Coliseum. No obstante, está claro que no le queda demasiado tiempo a este periplo.

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