Tras verse envuelto en multitud de críticas en la vigente campaña, Messi ha acallado todo tipo de dudas sellando un doblete
Comienzo intermitente
El astro argentino arrancaba la 20/21 después de haber vivido un verano más que convulso con la directiva.Su salida de Can Barça nunca había llegado a estar tan cerca y los aficionados culés se frotaban los ojos para despertar de dicha pesadilla. Finalmente, el rosarino decidió permanecer en la entidad azulgrana y cumplir un contrato que aún perduraba en vigencia.
El mundo del fútbol catalogaba este curso como el “Último Baile” de Leo bajo la elástica barcelonista, y es por ello que deseaban terminar con un final feliz para ambos. La llegada de Ronald Koeman tuvo como consecuencia la salida de sus íntimos amigos; Luis Suárez, Iván Rakitić y Arturo Vidal, entre otros. El hecho de dejarles marchar de malas formas y sin apenas obtener un beneficio para incorporar nuevos futbolistas, mosqueaba en exceso a la pulga.

Además, la plantilla encadenó un inicio plagado de dudas y con Messi en el centro del huracán. Su falta de acierto de cara a portería, frustraba a los aficionados y sobretodo al mismo Leo. Hasta esta misma tarde, todas sus dianas anotadas fueron desde la zona de castigo, un hecho inusual en él. El encadenamiento de partidos aciagos, le ahogaba hasta llegar al punto de recibir innumerables críticas de la hinchada.
El resurgir del capitán
El técnico holandés arrancó el encuentro por primera vez con Messi en el banquillo. En el penalti a favor del Barça, Ansu padeció un encontronazo con Bartra y Mandi, que no le permitió continuar en el césped. En la reanudación del segundo tiempo, Messi sustituyó a su aprendiz para dar una auténtica cátedra de fútbol.

El Barça terminó la primera mitad con tablas en el marcador y en menos de cuatro minutos dentro del terreno de juego, el argentino arrastró a la zaga del conjunto blanquiverde para que Griezmann anotase el segundo. Posteriormente, desde los once metros, endosó un disparo a la escuadra inatajable para el meta chileno. Y cuando el Real Betis con un futbolista menos en sus filas recortaba distancias, Messi enlazó una pared con Roberto para sentenciar a Claudio Bravo. Firmó un partido para ilusionar al barcelonismo, que a punto estuvo de rozar la perfección con un tercer tanto en fuera de lugar.
Pese a un arranque inverosímil del capitán, hoy ha ahuyentado a los fantasmas que asediaban su tejado, para demostrar con creces que el Barça tiene motivos para seguir creyendo.

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