Jimmy Butler tuvo una adolescencia muy difícil y es protagonista de una rocambolesca y meteórica historia que le llevo hasta la NBA
La vida de Jimmy Butler no comenzó de la mejor forma posible. Se crió en Tomball, un pequeño suburbio de Houston con apenas 11.000 habitantes, donde la vida no era para nada sencilla. Creció sin conocer una figura paterna, pues su padre abandonó a su padre pocos meses después del nacimiento del niño. Crecer bajo la única tutela de su madre y sin apenas recursos no era nada comparado con el revés que estaba esperando al joven. Con tan solo 13 años la vida asestaría un golpe directo y sin defensa al adolescente.

Con una personalidad aún por formar y un fuerte temperamento, Jimmy llegaba a su casa después de sus clases. Allí estaría su madre, con quien mantendría una discusión que finalizaría con la frase de «No me gusta tu mirada, debes irte». Aquella frase convirtió al adolescente en un huérfano por obligación, su padre lo abandonó y ahora su madre le echaba de casa. El joven Butler tenía que salir de su casa con lo puesto, sin dinero y sin ningún tipo de explicación. Comenzaría a pedir ayuda y cobijo a sus amigos de clase, quienes lo recibían en su casa. Pero recordemos que estamos hablando de un suburbio en el que casi todas las familias tienen problemas económicos, por lo que Butler iba saltando de casa en casa mostrándose siempre agradecido.
Butler encontró en el baloncesto su salvavidas personal al que agarrarse y sería el camino que le cambiaría la vida. De repente y casi sin querer apareció en su vida Jordan Leslie, un joven deportista que se convirtió rápidamente en su amigo. Lo que comenzaría jugando en las canchas del barrio acabaría en una bonita amistad. Leslie fue consciente de la situación que atravesaba su amigo y le invitó a su casa. Así llegaba Butler a la una casa con 7 niños, pues el padrastro (Michael) tenía 3 hijos de una anterior relación, igual que Michelle (madre de Jordan) y un hijo en común de ambos. La familia no nadaba en la abundancia, pero aceptaron al joven en su casa con los brazos abiertos.

Jimmy no tardaría en encajar con los jóvenes, a pesar de su carácter introvertido aunque siempre educado. Y es que serían los propios chicos quien convencerían a los padres para otorgar a Butler una familia y un hogar estable. Michelle se lo expresó a Micheal: «es un buen chico, y a nosotros una boca más no nos va a hacer quebrar». Michelle era estricta y puso unas normas de convivencia a los jóvenes, aunque sorprendentemente al joven de Tomball parecía gustarle esa jerarquía. De ahí nació uno de sus rasgos más característicos de su carrera, la constancia y su ética de trabajo.
Brad Ball, entrenador del joven en su etapa en el instituto valoró siempre la disposición y el trabajo de Butler en entrenamientos y fuera de las canchas. Así lo dejó claro en 2013: “De todos los chicos que he dirigido en mi vida, ninguno pasó más tiempo en el gimnasio o viendo partidos conmigo que Jimmy Butler”. También coincidía en esto su entrenador en su etapa como universitario, Buzz Williams: “Nunca le he exigido tanto a nadie como a Jimmy. No tenía límites con él, porque él mismo no sabía realmente cómo de bueno podría llegar a ser”.
Universidad de Marquette

Jimmy siempre demostró una increíble capacidad para aprender y para absorber conocimiento. Es por eso, que entre él y su madre (Michelle, así la reconocería el joven) eligieron la Universidad de Marquette. Y es que el deseo de la madre era que Butler tuviese una salida más allá del deporte y un poso académico que terminase de formarle. Marquette no era la única oferta, y quizás ni siquiera la mejor deportivamente hablando, pero si en el aspecto académico
En la universidad el joven brillaría a partir de su segundo año. Después de un primer curso donde no fue titular, el joven se haría con la titularidad para el segundo y el tercer año, demostrando una constancia y regularidad admirables. Promedió de 15.7 puntos, 2.1 asistencias y 6.1 rebotes en su última temporada antes de dar el salto al Draft de la NBA.

A apenas dos semanas del Draft, el joven le pediría al periodista Chad Ford (ESPN) que si escribía sobre él que no sonase trágico. «Por favor, que la gente no se apene por mí. No hay nada de lo que apenarse, todo lo que me ha pasado me ha convertido en la persona que soy. Estoy agradecido por todos los desafíos a los que me he enfrentado. Sé que escribirás algo sobre mí, pero por favor no hagas que sientan pena”. El periodista cumplió, pero el jugador daba una lección de humildad increíble al mundo.
Butler fue la última elección de la primera ronda del Draft de la NBA en 2011, el pick 30 y seleccionado por los Chicago Bulls. El joven de Houston llegaba a un equipo comandado por el joven MVP Derrick Rose, y donde no sería un fijo al principio.
Comenzando desde abajo

El jugador tendría que ganarse un hueco demostrando en los partidos que era ese jugador con hambre y ambición. No sería hasta su tercera temporada cuando conseguiría asentarse como titular en los Bulls. Y es que en sus 3 últimas temporadas en Chicago, el jugador no bajaría de los 20 puntos promediados, siendo además All-Star. Su desacuerdo con el equipo para conseguir la renovación le llevó a salir para poner rumbo a un nuevo equipo.
El jugador llegaría a los Minessotta Timberwolves, donde tendría la oportunidad de ser la piedra angular del equipo. El chico de Tomball no fallaría, consiguió clasificar al equipo para los playoff del Oeste tras 13 años sin participar entre los 8 mejores. Su rendimiento decaería un poco a su llegada a Philadelphia 76ers, pero manteniendo sus estadísticas prácticamente intactas y siendo del equipo. Una estelar actuación de Butler dejaría fuera de playoff a los Toronto Raptors, demostrando lo que era capaz de hacer.

Llegada a Miami y… finales de la NBA
El jugador llegaría a Miami con un nuevo contrato de $142 millones en 4 temporadas. Completaría una interesante temporada consiguiendo algunos records personales como reboteador y siendo elegido como All-Star una vez más. Y es que su papel en los playoff sería vital para los Heat, siendo el faro que guiaba al equipo en la cancha. Su buen hacer les llevo hasta las finales de conferencia frente a Boston Celtics, donde Jimmy no falló. Un 4-2 a favor de Miami y un billete para enfrentarse en la final de la NBA a los Lakers de LeBron, Anthony Davis y compañía.

Los amarillo-púrpura se pondrían rápidamente por encima con un 2-0 en la serie. Sería entonces cuando despertase el bueno de Butler, un triple doble con 40 puntos, 13 asistencias y 11 rebotes para poner el 2-1. En el cuarto partido serían de nuevos los Angelinos los que se llevarían la victoria poniendo el 3-1 en el marcador global. Sin embargo, de nuevo un espectacular Butler conseguiría forzar el sexto partido con una gran actuación. Finalmente serían los Lakers los que se llevarían finalmente el anillo. Butler perdía las finales, pero conseguía ganarse el respeto de todo el mundo del baloncesto.

Jimmy Butler, ese líder dentro de la cancha que guía al equipo, y a su vez ese mentor que sirve como referente a los jóvenes jugadores. Tyler Herro, joven compañero de Butler, ha demostrado su admiración por el alero de Miami en varias ocasiones. Respetado y odiado a partes iguales por su forma de vivir el deporte y el trabajo. El joven de Tomball tardó en encontrar sus hogares, tanto vitales como deportivos, pero una vez encontrados parece no tener techo. Con una de las mejores historias de la liga, en su mano está el dar un paso adelante y conseguir, por que no, un MVP de la NBA.

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