Anteayer se gestó la consecución la 34º Liga para el Real Madrid, en una temporada irregular que terminó con imbatibilidad

El 2020 está siendo un año atípico, que se lo digan al Real Madrid. Está siendo tan raro como que un equipo tan irregular a lo largo de la temporada ha acabado por proclamarse campeón. Aunque claro, la recta final ha sido determinante para destronar a un FC Barcelona que no ha dado la talla.

Este título ha sido diferente a cualquier otro ganado en el pasado. Sin público, en el Estadio Alfredo di Stéfano, y con muchas personas a quien dedicárselo. A todos aquellos madridistas que desde sus casas han apoyado al equipo, al igual que a aquellos que no han podido hacerlo porque no pueden permitirse pagar el fútbol en sus televisores, o que ni tienen televisores. También a todos los que no pudieron celebrarlo porque el coronavirus se llevó su alma madridista. En especial a Lorenzo Sanz, el presidente que devolvió al club a lo más alto de Europa y que trágicamente pasó a mejor vida en marzo.

El Madrid honró la memoria de todos ellos con 10 victorias consecutivas en la recta final que han valido un trofeo más. Han sido 10 triunfos merecidos, con polémica, pero que al fin y al cabo han demostrado quién debía ser el campeón. De la mano de una defensa inexpugnable el Madrid se ha llevado el primer título liguero de la década, destronando así a un Barça que venía dominar la anterior. Los culés no fueron rival, firmando una temporada desastrosa en la que la afición ha quedado muy decepcionada. 

Con este cambio de década también se ha producido un cambio en la mentalidad del grupo. Ha quedado demostrado este año que el Real Madrid de antaño ha desaparecido, al menos de momento. Zidane dio con la clave para ser campeón desde las primeras fechas, justamente cuando perdió en Son Moix. Transformó a un equipo acostumbrado a pegar las veces que hiciese falta en un equipo sólido, comprometido. Las noches de Champions League acabaron, la tecla no se hallaba en golpear con goles y goles siempre que hiciese falta. El técnico galo se hizo al grupo y se dio cuenta de que un equipo tan poco goleador no podía ganar así. 

La solución estaba en comprimir al equipo, reunirlo en cada parte del campo y que los 10 jugadores se acompañaran en todo momento. Así se creó el bloque menos goleado de toda Europa, el que ha hecho a un espectacular Thibaut Courtois trofeo Zamora a falta de una jornada que poco puede cambiar. La solidez en defensa ha compensado el poco acierto de cara a puerta y ha rentabilizado los tantos conseguidos. 

Los Casemiro, Varane, Mendy, Carvajal, Courtois y Ramos han sido clave para alzarse con el trofeo -además de la clara aportación goleadora del capitán-. La claridad en ataque de Benzema, junto con la chispa de Vinicius, también han aportado su granito de arena, pero nada como un bloque sólido para resistir el paso de las jornadas. 

Por otro lado, se esperaba algo más de las incorporaciones. En términos generales se puede valorar como positiva su aportación, pero ni Jovic ni Hazard, los que eran los fichajes más vistosos, han sido determinantes. El serbio no ha convencido al entrenador, mientras que al belga lo han frenado en seco las lesiones. Mendy, Militao o Rodrygo sí han sido de la partida y han aportado bastante, aun sin llegar a ser diferenciales. 

Si el Real Madrid se ha hecho con el título ha sido por una gran demostración de superación y de capacidad de amoldarse. Después de una campaña 2018/19 desilusionante, tiene mérito hacer campeón nacional de nuevo a un equipo que tampoco contaba con demasiadas bazas para serlo. He ahí el mérito de Zinedine Zidane, que ha hecho por 34º cuarta vez campeón de La Liga al Real Madrid. 

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