«Querido perico:

Como para mí, este año ha sido muy difícil, porque el equipo que siento no ha conseguido lo que nos hizo creer. Al acabar la temporada pasada esto era un sueño, una ilusión y un milagro. Ese gran bullicio en nuestro templo ahora profanado, ese estruendo del Espanyol en Europa que nos hizo creer que en la temporada venidera venían buenos tiempos para nuestro club.

Empezamos la batalla con garra, pero quién sabe qué pasó para que esa garra no hiciese victorias al equipo. Quizá Machín, quizá la defensa, quizá el centro del campo… Y nosotros, la afición, una afición fuerte y fiel, nos vimos en una situación de desasosiego constante a medida que íbamos al Baix Llobregat. Parecía que íbamos al matadero ya entrado el otoño.

A medida que pasaba el tiempo, esa ilusión se convirtió en ceniza del fuego flagrante de junio, que con la llegada de diciembre, desapareció. Se pidieron muchas explicaciones al club y al entrenador, que a malas hizo algo por el equipo y se tuvo que marchar. Nos fuimos cabizbajos a Navidad, donde algunos aún pedíamos con ansias de niño pequeño que un rayo cargado de buenos momentos impactase en Llobregat con destino RCD Stadium, o Sarrià, como lo llamamos cariñosamente por el nombre del antiguo estadio del equipo.

Muchos pedían cambios de directiva, muchos cambios de entrenador, muchos fichajes, y entrabamos en la segunda vuelta de la competición con otro entrenador y jugadores comprometidos a llevar al Espanyol donde merece estar. No obstante, el pozo en el que se había sumergido el Espanyol ya era muy hondo y la recuperación no era inmediata. Y todo esto hasta hoy.

Y, ¿creeis que por eso dejaré de ser del Espanyol? Ni mucho menos. Yo no soy del Espanyol para luego no ir a los partidos a dejarme la voz por mi equipo. Yo voy y cojo de los hombros a las personas de mi izquierda y mi derecha, ¿y que más da que no les conozca? Ellos han venido como yo a animar al Espanyol y por eso hay que estar unidos.

Este intento por la salvación no se va a conseguir sin que dejemos el cartel de cerrado colgado en las taquillas del estadio. El equipo necesita un último empujón en estas jornadas decisivas, NOS NECESITAN MÁS QUE NUNCA.

Si no vamos con ellos a demostrarles que estamos ahí ganen o pierdan, esto no va a ser posible. Si no cogemos nuestra bufanda blanca y azul y la agitamos mientras hacemos sonar nuestro himno, esto no va a marchar. Necesitamos que nuestro templo vuelva a ser un templo, y necesitamos que en el estadio rival tengan que hacernos hueco para albergar a semejante marea de personas unidas con un mismo propósito, una misma ilusión aún más fuerte que la de inicios de temporada.

Los jugadores necesitan que saltemos tan alto como saltamos para correr al césped de nuestro estadio para llevar en volandas a nuestros jugadores. No necesitan pitos ni enemistad en la banda, necesitan fuerza, y eso no siempre se consigue en los entrenamientos. Demostremos que esas 40500 voces que caben en nuestra casa pueden levantar a los muertos y que con menos de la mitad de aforo, podemos alcanzar y superar los decibelios de nuestro vecino azulgrana.»

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«Los ganadores nunca se rinden y los que se rinden nunca ganan.«

Vince Lombardi




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