Ayer, el Liverpool tuvo un partido más en su travesía por el título de la Premier League aunque, el encuentro no fue como esperaban.
Se enfrentaban al Watford fuera de casa, un Watford que necesitaba vencer para alejarse del ascenso aunque, parecía misión imposible.
El XI del Liverpool fue este: Alisson, Trent Alexander-Arnold, Lovren, Van Dijk, Robertson, Fabinho, Chamberlain, Wijnaldum, Salah, Firmino y Mané.
El XI del Watford fue el siguiente: Forster, Masina, Cathcart, Kabasele, Kiko Femenía, Will Hughes, Capoue, I. Sarr, Doucouré, Deulofeu y Deeney.
Hasta el minuto 53, con ambos equipos habiendo luchado por el primer gol, no había llegado este. El marcador lo abrió Ismaila Sarr. Con este gol, el equipo de Nigel Pearson decidió luchar el segundo y, intentar cerrar el encuentro. Así, en el minuto 59 llegaba el 2-0, con otra anotación de Sarr.

Aunque seguían insistiendo los Reds, aprovechando los huecos que estos abrían, el Watford conseguía el 3-0 definitivo, anotado por Troy Deeney.
Más allá del resultado, lo que queda patente es que, a causa de la euforia del hito que están consiguiendo, no se pararon a corregir errores, unos errores que hemos visto durante buena parte de la temporada y que se han visto opacados en esos logros de los Reds.
El juego de Jurgen Klopp, aunque vistoso, tiene varios riesgos claros, que se han dejado ver en el último partido, tales como dejar muchos espacios en los contraataques.

Si bien esta derrota impide que el Liverpool levante el título sin perder, aún tienen diez partidos, de los cuáles deben ganar cuatro para levantar el título y, aunque pierdan los otros seis, serán campeones. Esto es un ejemplo más de la gran temporada que han hecho los ingleses, dominando a nivel nacional tras haber disputado dos finales de Champions League consecutivas y, tener la tercera mayor cantidad de puntos en una cantidad de Premier League (aunque acabasen segundos esa misma temporada).
Más allá de los fallos que hayan, se debe perdonar a Klopp, que ya ha hecho historia en Anfield, algo que no puede rebatir nadie.

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